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Por Ivabelle Arroyo

El criminal del milenio ha decidido jugar a ser víctima (pero de las que chantajean) y, en un giro casi teatral, ha enviado una carta con exigencias al gobierno mexicano para que lo rescaten de su proceso en Estados Unidos. Para eso, el narcotraficante más grande de las últimas tres décadas, quien usó la ilegalidad  como un galardón, nombró como paladín a un abogado mexicano de renombre. Un abogado que suele estar en comidas, celebraciones, y actos de la clase gubernamental y política nacional. Un abogado con una vida pública tan notoria que hasta fue condecorado por el Poder Legislativo.

De inmediato se alzó el vociferio: ¡ese señor es amigo de Sheinbaum! ¡Tiene a Morena en la bolsa, lo condecoraron! ¡No, en realidad lo trajo una panista! ¡Es asesor del gober norteño! Y el vocerío de regreso: ¡Yo ni lo conozco! ¡No lo tengo contratado! ¡No es mi cuate! ¡Ni sabía su nombre!

Y por qué, ¿eh? El ahora apestado personaje, Juan Pablo Penilla, se ve en fotos con unos y otros pero aunque a mí no me atrae para una amistad porque defiende criminales, tengo que recordarles que defender criminales no es un delito. Es una cosa horrible, pero forma parte de los derechos de todos los acusados, pues antes de ser juzgados se supone (se supone) que son inocentes.

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.